
El faro más espectacular y vertiginoso del Cantábrico. Atrévete a descender sus legendarios 763 escalones labrados en la roca del Monte Buciero y descubre una cala de aguas turquesas que parece sacada de un sueño. Una ruta imprescindible que combina historia, esfuerzo y pura magia natural.
Distancia: 4,8 km (Ruta lineal de ida y vuelta desde el Pasaje) o 9,5 km (Si se realiza la ruta circular completa al Monte Buciero PR-S 1).
Dificultad: Media - Alta (Físicamente exigente por el esfuerzo de ascenso de la escalinata; requiere buena movilidad en rodillas).
Hitos principales: Escalinata de los 763 escalones (labrada por reclusos en 1863), Batería de San Felipe, vistas a los acantilados del Buciero y la ensenada turquesa del faro.
Interés: Deportivo (Senderismo y trail), Histórico (Infraestructura marítima y penal del siglo XIX) y Paisajístico (Vistas panorámicas del Cantábrico y la bocana de la bahía).

El Faro del Caballo: El Gigante Escondido del Monte Buciero
Construido en 1863 al pie de los impresionantes acantilados del Monte Buciero, el Faro del Caballo dejó de funcionar en 1993, pero hoy en día es uno de los mayores atractivos turísticos y naturales de Cantabria. No es un faro convencional: es un rincón mágico donde la roca caliza se desploma sobre un mar de un azul turquesa tan intenso que sorprende a todo el que lo visita.
El verdadero encanto (y el desafío) del Faro del Caballo radica en su acceso. Para llegar a él es necesario descender una vertiginosa escalinata de 763 escalones de piedra, labrados en la propia roca por los presos del cercano Penal de El Dueso en el siglo XIX. La bajada impresiona por las vistas y la pendiente, pero el verdadero reto es la subida de regreso, una auténtica prueba de resistencia física que se ve recompensada a cada paso por la belleza del paisaje. Para los más valientes, aún quedan otros 111 escalones que bajan directamente hasta el nivel del mar.
El acceso al faro forma parte de una preciosa ruta de senderismo circular que rodea el monte. El sendero transcurre bajo la sombra de un frondoso encinar cantábrico, salpicado de antiguos fuertes napoleónicos (como el Fuerte del Mazo o de Napoleón) y miradores con vistas espectaculares a la Bahía de Santoña y a la Playa de Berria.
Para quienes prefieran evitar el esfuerzo físico de las escaleras o busquen una perspectiva diferente, el Faro del Caballo ofrece una estampa inolvidable desde el mar. Durante la temporada estival, existen excursiones en barco que parten de la villa, así como rutas guiadas en kayak o paddle surf que permiten contemplar la majestuosidad del acantilado y disfrutar de sus aguas cristalinas desde una posición privilegiada.